Cada día que pasa la sensación de estar viviendo una cuenta atrás es más agobiante. Resulta muy extraño seguir acudiendo a trabajar sabiendo que todo tiene fecha de caducidad y que el quince de Diciembre se acabará todo. Me quedan exactamente trece días por currar y a partir de ahí... el abismo.
"No quiero entrar en la dinámica de pa' lo que me queda en el convento, me cago dentro. Soy técnico de sonido, soy un profesional y quiero darlo todo hasta el último día", comentaba con los compañeros cuando nos dieron la noticia. Es complicado, la verdad. Me siento flotando en un mar de mierda rodeado de zurullos donde la razón de ser, que era mi trabajo -un trabajo que me encanta, por cierto- va a desaparecer como por arte de magia sin que pueda hacer nada al respecto. No me preocupa el tema económico porque dinero, al fin y al cabo, no he tenido nunca; me preocupa la enorme cantidad de cambios que va a suponer esto, me "asusta" tener tanto tiempo libre, volver a disponer de los fines de semana como la gente normal, sentirme improductivo, acostumbrarme a no hacer nada, dejarme arrastrar por la inercia y acabar cayendo en una depresión viendo la deriva que lleva el país.
No sé qué va a pasar con todo esto. Necesito un trabajo para sentirme útil -años y años de vivir en un sistema capitalista me han convertido en esto- y ahora veo como, jugando en el tiempo de descuento, el partido se acaba y no hay cojones a remontar. He perdido la cuenta de los currículums que he mandado desde antes incluso de que nos dieran la noticia. No sé a cuántas viejas amistades he llamado para pedir curro y lo cierto es que la gran mayoría de la gente que conocía de currar en la tele está igual o peor que yo. Anda la cosa jodida.
En el fondo no pierdo la esperanza. Hay un resquicio de mi corazón que insiste en que no tengo de qué preocuparme, en que conseguiré trabajo antes de darme cuenta de que ya no lo tengo. Pero esa ventanita es cada vez más pequeña. Esa luz de esperanza parece cada vez más lejana y si permito que todo se vuelva sombrío, entonces sí, estoy perdido.
Luce el sol por las rendijas de mi alcantarilla y a pesar de eso tengo escarcha en los bigotes. Sobre la mesa humea el segundo café de la mañana y el cigarrillo que tengo en la boca se consume lentamente. Estoy volviendo a ver Lost, no ha envejecido tan mal como esperaba.
viernes, 22 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Se acabó lo que sedaba. Crónica de una muerte anunciada.
Bueno, pues se acabó. A partir del quince de Diciembre paso a ser uno más en el nada selecto club de los parados.
Es raro. Para empezar es el primer trabajo del que no me voy porque tenga algo mejor, me echan. Nos echan, porque caemos casi sesenta personas del tirón. Así, sin más.
Es raro. Porque han sido más de tres años trabajando con una gente maravillosa, con muchas más cosas buenas que malas y haciendo algo que de verdad me gustaba y me satisfacía. Más de tres años en los que han pasado un montón de cosas divertidas y mil anécdotas graciosas, una infinidad de risas y muy pocos momentos realmente malos.
Es raro. Porque tengo cierta sensación de desorientación, de que me roban una parte importante de mí mismo (SOY técnico de sonido, no sé ser otra cosa que no sea esto y SOY parte de un equipo), de estar perdido en un mar inmenso de personas. Y si no fuese porque, a pesar de que cuando nos dieron la noticia me puse muy gilipollas, mi compañera estuvo ahí para abrazarme, consolarme y hacerme cambiar de perspectiva, estaría mucho más perdido y ahogado en litros y litros de whisky barato.
Tiene una parte positiva: estas navidades estaré en casa para disfrutar con mi sobrina, comerme las uvas en paz, disfrutar con mis primos del día de año nuevo y asistir a las cañas prenochebueneras con la que es mi otra familia.
Y me siento desamparado y desorientado, pero no tengo miedo ninguno porque sé que de todo se sale menos de la tumba (espero... si salgo de la tumba disparadme a la cabeza antes de que os muerda), porque mi familia ya me ha dicho que no me preocupe por nada, porque los pocos amigos a los que ya les ha dado la noticia andan ya como locos tratando de ayudarme y, sobre todo, porque ha vuelto a venir ella a regalarme sonrisas. No me falta de nada.
Gracias a todos.
Es raro. Para empezar es el primer trabajo del que no me voy porque tenga algo mejor, me echan. Nos echan, porque caemos casi sesenta personas del tirón. Así, sin más.
Es raro. Porque han sido más de tres años trabajando con una gente maravillosa, con muchas más cosas buenas que malas y haciendo algo que de verdad me gustaba y me satisfacía. Más de tres años en los que han pasado un montón de cosas divertidas y mil anécdotas graciosas, una infinidad de risas y muy pocos momentos realmente malos.
Es raro. Porque tengo cierta sensación de desorientación, de que me roban una parte importante de mí mismo (SOY técnico de sonido, no sé ser otra cosa que no sea esto y SOY parte de un equipo), de estar perdido en un mar inmenso de personas. Y si no fuese porque, a pesar de que cuando nos dieron la noticia me puse muy gilipollas, mi compañera estuvo ahí para abrazarme, consolarme y hacerme cambiar de perspectiva, estaría mucho más perdido y ahogado en litros y litros de whisky barato.
Tiene una parte positiva: estas navidades estaré en casa para disfrutar con mi sobrina, comerme las uvas en paz, disfrutar con mis primos del día de año nuevo y asistir a las cañas prenochebueneras con la que es mi otra familia.
Y me siento desamparado y desorientado, pero no tengo miedo ninguno porque sé que de todo se sale menos de la tumba (espero... si salgo de la tumba disparadme a la cabeza antes de que os muerda), porque mi familia ya me ha dicho que no me preocupe por nada, porque los pocos amigos a los que ya les ha dado la noticia andan ya como locos tratando de ayudarme y, sobre todo, porque ha vuelto a venir ella a regalarme sonrisas. No me falta de nada.
Gracias a todos.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Todo - Pereza.
Vuela, vuela, vuela conmigo,
cuélate dentro, dime chico,
dame calor, sácame brillo,
hazme el amor en nuestro nido.
No quiero nada, nada más,
me sobra respirar.
Sube, sube, sube conmigo,
déjalo todo, yo te cuido,
ven a Madrid, ten un descuido,
haz cosas mientras yo te miro.
No tengo miedos, no tengo dudas,
lo tengo muy claro ya...
Todo es tan de verdad
que me acojono cuando pienso
en tus pequeñas dudas
y, eso: que si no te tengo reviento.
Quiero hacértelo muy lento.
Todo, todo, todo, todo, yo quiero contigo todo.
Poco, muy poco a poco, poco,
que venga la magia y estemos solos,
solos, solos, solos,
yo quiero contigo sólo.
Solos rozándonos todo, sudando, cachondos,
volviéndonos locos, teniendo cachorros.
Clavarnos los ojos, bebernos a morro.
Sueña, sueña, sueña conmigo,
escríbeme luego un mensajito,
dime hacia donde yo te sigo,
si tú te tiras, yo me tiro.
No tengo miedos, no tengo dudas,
lo tengo muy claro ya.
Todo es tan de verdad
que me acojono cuando pienso
en tus pequeñas dudas...
Pereza.
Pereza.
Creo que entre la negrita y los tamaños ha quedado todo claro. Creo que el sector medianamente punk que podía leer este blog se ha retirado ya. Creo -qué coño, no lo creo, lo sé- que esto te lo puedo cantar de rodillas en una terraza de Lavapiés si me lo pides. Creo que me ha vuelto a subir el azúcar (¿Hola? ¡Yo era del No Feelings de los Sex Pistols!).
Creo que te quiero con locura y que quiero pasar el resto de días que me queden contigo. Creo que doy ascopena cuando me pongo así de pasteloso y azucarado. Creo que te lo digo poco. Creo -sé- que no parece que tenga veintiocho años. Creo que Berta cabe en esta casa.
Que no lo creo, que lo sé. Que te quiero. Que me doy asco cuando entro en esta dinámica de diabetes, pero que por otra parte no puedo evitarlo. Que odio profundamente a Pereza, mucho, pero que me encanta que esta canción diga tantas cosas que siento por ti.
Creo que acaba de venir la versión quinceañera de este humilde ratón a darme de hostias con toda la razón del mundo, pero hemos compartido un kali y un peta y al final la conclusión es que nadie mejor que tú para compartir esta alcantarilla.
Que te quiero, Que te vengas. Ya. Ahora.
martes, 24 de septiembre de 2013
Sobre inseguridades, miedos y amaneceres.
Inseguridades:
Lo de que se me coman mis propias inseguridades no es nuevo, de hecho es tan viejo como yo mismo y aún así no consigo acostumbrarme a ello. Es una sensación muy desagradable que te corroe por dentro, casi puedes notar cómo se expande por tu cuerpo, como si fuese un tumor que no para de devorar órganos vitales a una velocidad sorprendente impidiéndote disfrutar de nada y amargándote continuamente la existencia.
¿Qué hostias me pasa? ¿Por qué hostias me pasa? Tengo unos amigos estupendos que me aprecian y que siempre están a mi lado, una familia maravillosa que me apoya en todo y una compañera estupenda con la que no quiero parar de caminar nunca. Si tengo todo lo que necesito, ¿por qué vivo continuamente con la sensación de que todo se va a ir a la mierda más tarde o más temprano? ¿Por qué no puedo limitarme a disfrutar de todo lo bueno que me está pasando -que es mucho- y ser feliz? ¿Qué cojones pasa? ¿Qué me lo impide? ¡Quiero hacerlo! ¡Quiero ser feliz porque no me falta absolutamente nada para serlo!
Odio esta ansiedad, esta tensión, este estrés. Odio dormir apretando las muelas y vivir siempre como si el suelo firme no existiese. Hay un suelo firme, yo construyo mi camino y me encanta la gente que camina conmigo. Quiero dejar de dudar de todo el mundo, por mucha brea que me hayan dado en el pasado ni la gente que me rodea se merece aguantarme así ni yo tampoco.
Miedos:
Siempre he tenido miedo a un montón de cosas: a fracasar, a no estar a la altura, a pegarme la hostia, a perder el control de la situación... Tampoco es agradable. Odio esos miedos porque a veces me paralizan el cuerpo entero y no me dejan moverme, solo pensar y pensar y llevar la cabeza pasada de revoluciones hasta que empieza a salir un humo gris y denso que lo nubla todo y que me ahoga.
Así llevaba mucho tiempo, amargado y consumido por mis miedos y mis inseguridades, por esa sensación de que todo lo que tocaba se convertía en mierda, se pudría, apestaba. Porque ha habido gente que me ha tratado así y me ha culpabilizado de muchas cosas y me lo he creído porque, ya ven, en mi mar de inseguridades mi propia palabra a mí no me valía, así que al primero que abriese la boca le otorgaba automáticamente más criterio que a mí mismo. Y por suerte no ha faltado gente con ganas de arrimar el hombro y tirar de mí, pero hasta a Job se le acaba la paciencia y en mi casa nunca me faltaba el whisky. Hasta que tú entraste en escena.
Al alba:
No sé muy bien qué ha pasado, no sé qué tecla has tocado (aunque diría que en este mes te han salido varias sinfonías) pero desde que estás tú vuelo más alto, he dejado de tener miedo y de tener complejos (bueno, calvo sí me estoy quedando...), tengo ganas de sonreír todo el rato y de hecho vivo permanentemente con cara de idiota. Fumo menos, bebo mucho menos, el tiempo pasa muchísimo más rápido e incluso me siento más joven. Me levanto de mejor humor, he vuelto a cocinar, la vida en general me preocupa un poco menos sabiendo que tú estás a mi lado. Tengo menos miedo cuando estoy contigo, en definitiva. Y me siento más fuerte y con más ganas. Más vivo, más sano y todo es genialérrimo. Desde que estás tú siento cosas, he dejado de ser de madera y hasta respiro mejor. Desde que estás tú siento que puedo ser yo, que no hay fraude, que las cosas son otra vez naturales y que no hay que forzarlas, que salen solas y que todo fluye.
Solo aspiro a hacerte reír todos los días, a sacarte además una sonrisa. A emocionarte. A compartirlo todo contigo.
Porque contigo me siento bien. Porque tú me completas.
Te quiero.
Lo de que se me coman mis propias inseguridades no es nuevo, de hecho es tan viejo como yo mismo y aún así no consigo acostumbrarme a ello. Es una sensación muy desagradable que te corroe por dentro, casi puedes notar cómo se expande por tu cuerpo, como si fuese un tumor que no para de devorar órganos vitales a una velocidad sorprendente impidiéndote disfrutar de nada y amargándote continuamente la existencia.
¿Qué hostias me pasa? ¿Por qué hostias me pasa? Tengo unos amigos estupendos que me aprecian y que siempre están a mi lado, una familia maravillosa que me apoya en todo y una compañera estupenda con la que no quiero parar de caminar nunca. Si tengo todo lo que necesito, ¿por qué vivo continuamente con la sensación de que todo se va a ir a la mierda más tarde o más temprano? ¿Por qué no puedo limitarme a disfrutar de todo lo bueno que me está pasando -que es mucho- y ser feliz? ¿Qué cojones pasa? ¿Qué me lo impide? ¡Quiero hacerlo! ¡Quiero ser feliz porque no me falta absolutamente nada para serlo!
Odio esta ansiedad, esta tensión, este estrés. Odio dormir apretando las muelas y vivir siempre como si el suelo firme no existiese. Hay un suelo firme, yo construyo mi camino y me encanta la gente que camina conmigo. Quiero dejar de dudar de todo el mundo, por mucha brea que me hayan dado en el pasado ni la gente que me rodea se merece aguantarme así ni yo tampoco.
Miedos:
Siempre he tenido miedo a un montón de cosas: a fracasar, a no estar a la altura, a pegarme la hostia, a perder el control de la situación... Tampoco es agradable. Odio esos miedos porque a veces me paralizan el cuerpo entero y no me dejan moverme, solo pensar y pensar y llevar la cabeza pasada de revoluciones hasta que empieza a salir un humo gris y denso que lo nubla todo y que me ahoga.
Así llevaba mucho tiempo, amargado y consumido por mis miedos y mis inseguridades, por esa sensación de que todo lo que tocaba se convertía en mierda, se pudría, apestaba. Porque ha habido gente que me ha tratado así y me ha culpabilizado de muchas cosas y me lo he creído porque, ya ven, en mi mar de inseguridades mi propia palabra a mí no me valía, así que al primero que abriese la boca le otorgaba automáticamente más criterio que a mí mismo. Y por suerte no ha faltado gente con ganas de arrimar el hombro y tirar de mí, pero hasta a Job se le acaba la paciencia y en mi casa nunca me faltaba el whisky. Hasta que tú entraste en escena.
Al alba:
No sé muy bien qué ha pasado, no sé qué tecla has tocado (aunque diría que en este mes te han salido varias sinfonías) pero desde que estás tú vuelo más alto, he dejado de tener miedo y de tener complejos (bueno, calvo sí me estoy quedando...), tengo ganas de sonreír todo el rato y de hecho vivo permanentemente con cara de idiota. Fumo menos, bebo mucho menos, el tiempo pasa muchísimo más rápido e incluso me siento más joven. Me levanto de mejor humor, he vuelto a cocinar, la vida en general me preocupa un poco menos sabiendo que tú estás a mi lado. Tengo menos miedo cuando estoy contigo, en definitiva. Y me siento más fuerte y con más ganas. Más vivo, más sano y todo es genialérrimo. Desde que estás tú siento cosas, he dejado de ser de madera y hasta respiro mejor. Desde que estás tú siento que puedo ser yo, que no hay fraude, que las cosas son otra vez naturales y que no hay que forzarlas, que salen solas y que todo fluye.
Solo aspiro a hacerte reír todos los días, a sacarte además una sonrisa. A emocionarte. A compartirlo todo contigo.
Porque contigo me siento bien. Porque tú me completas.
Te quiero.
jueves, 12 de septiembre de 2013
28 días.
El domingo hará un mes y si hace un mes dicen esto... Me descojono.
El domingo hará un mes y, en este tiempo, he utilizado más el WhatsApp que en toda mi vida anterior.
El domingo hará un mes desde que alguien gritó "¡Osasuna! ¡Osasuna!".
El domingo hará un mes del concierto de La Raíz, el de Mente Devil y el de Segismundo Toxicómano.
El domingo hará un mes desde que vi los vientos mejor tirados que jamás he visto en una zona de acampada de festival.
El domingo hará un mes desde que hubo que volverse porque no llevábamos los papeles de la furgo.
El domingo hará un mes desde que me compré mi tienda de campaña.
El domingo hará un mes desde que supe que no te gusta la cerveza pero sí la Coca Cola.
El domingo hará un mes desde que un tipo en patinete contó a unos desconocidos en un parque que venía desde muy lejos a regar las plantas de la casa de su madre, que se había ido de vacaciones.
El domingo hará un mes desde que quiero sacarte una sonrisa todos los días.
El domingo hará un mes desde la primera vez que tus ojos me volvieron completamente loco.
El domingo hará un mes de la primera vez que nos dimos dos besos.
El domingo hará un mes desde que nos conocemos.
El domingo hará un mes y si hace un mes dicen esto... Me descojono.
El domingo hará un mes y, en este tiempo, he utilizado más el WhatsApp que en toda mi vida anterior.
El domingo hará un mes desde que alguien gritó "¡Osasuna! ¡Osasuna!".
El domingo hará un mes del concierto de La Raíz, el de Mente Devil y el de Segismundo Toxicómano.
El domingo hará un mes desde que vi los vientos mejor tirados que jamás he visto en una zona de acampada de festival.
El domingo hará un mes desde que hubo que volverse porque no llevábamos los papeles de la furgo.
El domingo hará un mes desde que me compré mi tienda de campaña.
El domingo hará un mes desde que supe que no te gusta la cerveza pero sí la Coca Cola.
El domingo hará un mes desde que un tipo en patinete contó a unos desconocidos en un parque que venía desde muy lejos a regar las plantas de la casa de su madre, que se había ido de vacaciones.
El domingo hará un mes desde que quiero sacarte una sonrisa todos los días.
El domingo hará un mes desde la primera vez que tus ojos me volvieron completamente loco.
El domingo hará un mes de la primera vez que nos dimos dos besos.
El domingo hará un mes desde que nos conocemos.
El domingo hará un mes y si hace un mes dicen esto... Me descojono.
jueves, 22 de agosto de 2013
Contigo.
Quiero besarte. Quiero sentarme en una lápida de un cementerio, que nos liemos un peta y besarte (y sé perfectamente de qué cementerio estoy hablando). Quiero viajar contigo. Quiero ir a Galiza contigo, y a Extremadura. A Cádiz.
Quiero ir contigo al Oktoberfest. Y al cine, y al teatro. Quiero ir contigo a más conciertos, y a más bares. Quiero ir contigo a los museos y recorrer Madrid de tu mano. ¡¡A subir montañas quiero ir contigo!! Y a hacer deporte, y a dormir al raso. Contigo.
Quiero compartir contigo. Quiero divertirme contigo.
Contigo.
Quiero ir contigo al Oktoberfest. Y al cine, y al teatro. Quiero ir contigo a más conciertos, y a más bares. Quiero ir contigo a los museos y recorrer Madrid de tu mano. ¡¡A subir montañas quiero ir contigo!! Y a hacer deporte, y a dormir al raso. Contigo.
Quiero compartir contigo. Quiero divertirme contigo.
Contigo.
lunes, 19 de agosto de 2013
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