Si echo la vista atrás ni siquiera soy capaz de recordar por qué arranqué esto, pero supongo que lo hice por lo mismo por lo que voy abriendo y cerrando blogs: me cansé del anterior y empecé uno nuevo.
El caso es que, después de muchas idas y venidas, aquí me sentía cómodo. Me gusta esta alcantarilla y me gusta ser rata. Aquí abajo todos flotan, unos en mierda y otros en jaco, pero ya peino canas (no, a ver, no peino una mierda, cada vez tengo menos pelo) y me he dado cuenta de que soy menos rata y más humano y de que hace tiempo que me cuesta horrores meterme en el personaje con el que pretendía escribir en este blog. Supongo que nunca seré capaz de recuperar a un personajazo como Pakitof porque todo lo que he ido escribiendo desde que recuerdo escribir (y recuerdo hacerlo desde mucho antes de que existiese Internet... tengo tanto ego que yo escribía cosas como estas que rulaba en diskettes de 3 1/2 ¡y lo peor es que siempre había alguien que quería leerlo!) ha sido producto de la situación personal en la que me encontraba.
Y lo peor de esta situación es que no sé dónde me encuentro.
Hay quien lo llama pitopausia y hay quien lo llama crisis de los treinta. Yo no creo que sea ninguna de las dos cosas. Cuando sientes que eres un lastre a veces tienes que tomar decisiones bruscas, es así de sencillo. Igual que no me gusta tener cargas tampoco me gusta serlo (o sentir que lo soy) para nadie, y entonces tiro por la calle de en medio y arraso con todo por las malas. Estoy en ese momento. Por eso dejo de escribir (aquí). También he dejado las drogas ilegales y también estoy dejando de beber. Visto lo visto también dejé de follar. A lo mejor tendría que replantearme todo esto. Siempre me quedará el tabaco, aunque pretendo dejarlo a lo largo de 2016. Que lo dejo todo, vaya.
No me voy a meter a cura, sencillamente siento que necesito alejarme de un montón de cosas y darle un giro a la mierda de vida que llevo. Lo peor de todo esto es la sensación de que una voz interior me dice "te has rendido". "Madurar", creo que lo llaman.
Ojalá algún día recupere la cordura y me desdiga de todo esto. Hasta que llegue ese momento, ha sido un placer.
Gracias a los que alguna vez leísteis algo por aquí. Ha sido un placer.
jueves, 29 de octubre de 2015
martes, 27 de octubre de 2015
Sin reverencias - El Drogas.
Cuando se muere un escritor
se decolora una letra
y quedan tristes en el suelo
un buen puñado de almendras.
Cuando escapa un preso quedan
un montón de amuletos
que ahora son sólo recuerdos
que ya no tienen pareja.
Cuando naufragan los sueños
se oyen voces en la calle
que unidas hacen el grito
para espantar el hambre.
Cuando me pongas tu anillo
no sólo será mi dedo,
lo que te dé es el cuerpo entero
como camino perdido...
A través del cristal
amaneceres que invitan
a movernos sin reverencias.
Y es que me gusta la vida
que tienen los libros prestados,
esos que se dejan querer,
que pasan de mano en mano.
Así amontono los infiernos
que para mí son el cielo
y colecciono amarguras,
a veces con forma de beso.
Cuando se olvidan las gafas
encima de la repisa
son ojos ciegos los que buscan
el tacto de tu sonrisa.
Y a veces te encuentran cansada,
sin color en las mejillas,
sin desafíos, sin ganas,
quebrada como una espina.
A través del cristal
amaneceres que invitan
a movernos sin reverencias…
Y es que me gusta la vida
que tienen los libros prestados,
esos que se dejan querer,
que pasan de mano en mano.
Así amontono los infiernos,
que para mí son el cielo
y colecciono amarguras
a veces con forma de beso.
se decolora una letra
y quedan tristes en el suelo
un buen puñado de almendras.
Cuando escapa un preso quedan
un montón de amuletos
que ahora son sólo recuerdos
que ya no tienen pareja.
Cuando naufragan los sueños
se oyen voces en la calle
que unidas hacen el grito
para espantar el hambre.
Cuando me pongas tu anillo
no sólo será mi dedo,
lo que te dé es el cuerpo entero
como camino perdido...
A través del cristal
amaneceres que invitan
a movernos sin reverencias.
Y es que me gusta la vida
que tienen los libros prestados,
esos que se dejan querer,
que pasan de mano en mano.
Así amontono los infiernos
que para mí son el cielo
y colecciono amarguras,
a veces con forma de beso.
Cuando se olvidan las gafas
encima de la repisa
son ojos ciegos los que buscan
el tacto de tu sonrisa.
Y a veces te encuentran cansada,
sin color en las mejillas,
sin desafíos, sin ganas,
quebrada como una espina.
A través del cristal
amaneceres que invitan
a movernos sin reverencias…
Y es que me gusta la vida
que tienen los libros prestados,
esos que se dejan querer,
que pasan de mano en mano.
Así amontono los infiernos,
que para mí son el cielo
y colecciono amarguras
a veces con forma de beso.
La original, aquí.
Ya no emiten 'Lost'.
Yo nunca he estado muy seguro de que las casualidades existan, la verdad. Es complicado de explicar, o al menos lo es más de lo que me apetece extenderme, pero a veces pasan cosas que me fascinan. Sin más.
No pensaba hacer absolutamente nada hoy. Nada que no fuese tumbarme en el sofá a descansar la espalda y los brazos y, si eso, dormir un rato. Camino a casa volviendo del trabajo llega ese mensaje que incita: "¿una caña?". Dos dobles de cerveza y tres botellas de sidra después tengo muy claras cosas que solo intuía. La vida, los amigos.
En la vida existen balanzas, y las balanzas se inclinan. Nunca he creído en el equilibrio total y absoluto, hasta el frutero de la 13 Rue del Percebe te hacía el lío, así que las balanzas se desequilibran. De un momento a otro. De una semana a otra. Las balanzas se inclinan. Y, de pronto, lo que un día era el blanco más absoluto se convierte, tras un fin de semana, en la oscuridad más oscura y desconcertante del mundo. Fundido a negro. Historia terminada. No hay próximo capítulo. No hay próxima temporada. Es como cuando terminó 'Lost', te jodes y te buscas otra serie. Hay muchas series pasajeras, pero ninguna me ha enganchado tanto como esta... De momento.
Y 'Lost' ha terminado. Emilie De Ravin ya no es Claire y ahora hace otro papel en otra serie, así que a mí como espectador me toca también buscarme otro show al que engancharme de verdad o seguir viendo otros hasta que alguno me enganche en serio ('House of cards', 'Daredevil'... ¡que me acabo de poner Netflix!). Y quizá, en algún momento, encuentre otra serie de la que quiera tener todas las temporadas en DVD para volver todos los días. Ya no es 'Lost'. Emilie ya no es Claire. No pasa nada.
No quiero encasillar a un pedazo de actriz en un personaje, aunque me duela. Le irá mejor si su carrera sigue. 'Lost' ya ha terminado y no aguanta un revisionado tanto tiempo después del final. Tengo que dejarlo ir, aunque me joda. Es el legado que le dejo a una serie que me lo dio todo... Dejarla estar.
Las vidas siguen. La mía también. Viviré sin 'Lost'. Que me acabo de poner Netiflix, por dios.
Dos dobles de cerveza y tres botellas de sidra. Entre risas. Entre amigos. Entre gente que se preocupa por uno. A Emilie de Ravin se la pela cómo me sienta, está en otra serie, ya no es Claire. Y mi vida también tiene que avanzar. Me ha costado lo mío entenderlo. Me ha costado todo un fin de semana cambiar de opinión.
No pensaba hacer absolutamente nada hoy. Nada que no fuese tumbarme en el sofá a descansar la espalda y los brazos y, si eso, dormir un rato. Camino a casa volviendo del trabajo llega ese mensaje que incita: "¿una caña?". Dos dobles de cerveza y tres botellas de sidra después tengo muy claras cosas que solo intuía. La vida, los amigos.
En la vida existen balanzas, y las balanzas se inclinan. Nunca he creído en el equilibrio total y absoluto, hasta el frutero de la 13 Rue del Percebe te hacía el lío, así que las balanzas se desequilibran. De un momento a otro. De una semana a otra. Las balanzas se inclinan. Y, de pronto, lo que un día era el blanco más absoluto se convierte, tras un fin de semana, en la oscuridad más oscura y desconcertante del mundo. Fundido a negro. Historia terminada. No hay próximo capítulo. No hay próxima temporada. Es como cuando terminó 'Lost', te jodes y te buscas otra serie. Hay muchas series pasajeras, pero ninguna me ha enganchado tanto como esta... De momento.
Y 'Lost' ha terminado. Emilie De Ravin ya no es Claire y ahora hace otro papel en otra serie, así que a mí como espectador me toca también buscarme otro show al que engancharme de verdad o seguir viendo otros hasta que alguno me enganche en serio ('House of cards', 'Daredevil'... ¡que me acabo de poner Netflix!). Y quizá, en algún momento, encuentre otra serie de la que quiera tener todas las temporadas en DVD para volver todos los días. Ya no es 'Lost'. Emilie ya no es Claire. No pasa nada.
No quiero encasillar a un pedazo de actriz en un personaje, aunque me duela. Le irá mejor si su carrera sigue. 'Lost' ya ha terminado y no aguanta un revisionado tanto tiempo después del final. Tengo que dejarlo ir, aunque me joda. Es el legado que le dejo a una serie que me lo dio todo... Dejarla estar.
Las vidas siguen. La mía también. Viviré sin 'Lost'. Que me acabo de poner Netiflix, por dios.
Dos dobles de cerveza y tres botellas de sidra. Entre risas. Entre amigos. Entre gente que se preocupa por uno. A Emilie de Ravin se la pela cómo me sienta, está en otra serie, ya no es Claire. Y mi vida también tiene que avanzar. Me ha costado lo mío entenderlo. Me ha costado todo un fin de semana cambiar de opinión.
miércoles, 14 de octubre de 2015
La espalda molida y la moral tocada.
Casi acaba conmigo. Un chiste más sobre sonido y las sombras y juro que dejo la pértiga allí mismo y me largo. Subido en una escalera y rompiéndome la espalda para coger una frase... Y no es un rodaje sencillo, menos sin ensayos. A lo loco, a vuelapluma.
Y al llegar a casa relajantes musculares y combinado de esos de aguantar el creciente resfriado sea como sea. Mucho que agradecerle también al presidente del estado respecto a las condiciones laborales de todo.
Ni puto caso me hagáis, que está a punto de subirme la fiebre y se me va la cabeza.
Y al llegar a casa relajantes musculares y combinado de esos de aguantar el creciente resfriado sea como sea. Mucho que agradecerle también al presidente del estado respecto a las condiciones laborales de todo.
Ni puto caso me hagáis, que está a punto de subirme la fiebre y se me va la cabeza.
martes, 15 de septiembre de 2015
Me alimenta.
Creo que a nadie en su sano juicio le parecería normal tener estos horarios y este ritmo de vida para al final ganar cuatro duros mal contados, y yo mismo me he quejado muchas veces, la verdad. No obstante, esto me alimenta, haber hecho casi catorce horas de jornada me da vida y me hace feliz porque me pirra mi trabajo y disfruto como un cabrón. Y la mayoría de las veces, cuando llega el final, he disfrutado más cuanto más complicado ha sido todo. Hoy ha sido uno de esos días muy largos y muy complicados y, al final de todo, antes de empezar a desmontar, ya me desbordaban la alegría y la euforia de que todo haya salido bien ante tanta complicación (lluvia inclusive).
Y es que somos buenos, joder. Somos muy buenos. Y por eso nos llaman. Y es un lujo currar con los mejores, qué hostias. Un auténtico lujo. Y llego a casa y contemplo la vida a través de una cerveza y un cigarro y sonrío porque esto es lo que necesito para vivir, esto me mantiene en pie. Esto me alimenta.
Y es que somos buenos, joder. Somos muy buenos. Y por eso nos llaman. Y es un lujo currar con los mejores, qué hostias. Un auténtico lujo. Y llego a casa y contemplo la vida a través de una cerveza y un cigarro y sonrío porque esto es lo que necesito para vivir, esto me mantiene en pie. Esto me alimenta.
lunes, 7 de septiembre de 2015
(Me) Abandono.
Desde que volví a currar a primeros de Agosto y tras haber pasado Julio completamente en blanco he hecho una barbaridad de kilómetros y todavía me quedan seiscientos más por hacer esta semana, así que eso que decía de que el año pasado visité Bilbo y Fuerteventura ha terminado por quedarse corto. En menos de dos meses he estado en Vigo, Cáceres, Huelva, Iruña, Málaga, Bilbo, Granada y aún me falta Badajoz. De momento. Que se sepa.
Y ESTOY JODIDAMENTE CONTENTO. A parte de que de todos los viajes saco anécdotas, risas, buenos momentos (especialmente de Granada) y mucho y buen papeo, han sido unos trabajos interesantísimos y desafiantes que me han devuelto a la realidad. Una realidad bastante alejada de los tiempos grises que veía hace no mucho tiempo. Mi situación es igual de precaria, pero he aprendido un par de sabias lecciones sobre el rollo este de vivir y tal. Premio más que suficiente.
Septiembre ya está aquí y hay muchos cambios que quiero afrontar, algunos más radicales que otros, pero todos importantes. Necesito cortar hilos y soltar lastre para poder seguir avanzando. ¿Avanzando hacia dónde? Pues hacia la muerte, que es hacia lo que avanzamos todos, pero es que pretendo que el camino sea lo más divertido posible y que el número de dificultades y complicaciones que me encuentre en él tiendan a cero. Difícil, sí, pero no imposible.
Tengo un ombligo estupendo al que debería mirar más a menudo. No quiero que nunca, nadie, jamás vuelva a decidir por mí, directa o indirectamente. Se acabó la tontería.
Y quiero volver a beber Alhambra.
Y ESTOY JODIDAMENTE CONTENTO. A parte de que de todos los viajes saco anécdotas, risas, buenos momentos (especialmente de Granada) y mucho y buen papeo, han sido unos trabajos interesantísimos y desafiantes que me han devuelto a la realidad. Una realidad bastante alejada de los tiempos grises que veía hace no mucho tiempo. Mi situación es igual de precaria, pero he aprendido un par de sabias lecciones sobre el rollo este de vivir y tal. Premio más que suficiente.
Septiembre ya está aquí y hay muchos cambios que quiero afrontar, algunos más radicales que otros, pero todos importantes. Necesito cortar hilos y soltar lastre para poder seguir avanzando. ¿Avanzando hacia dónde? Pues hacia la muerte, que es hacia lo que avanzamos todos, pero es que pretendo que el camino sea lo más divertido posible y que el número de dificultades y complicaciones que me encuentre en él tiendan a cero. Difícil, sí, pero no imposible.
Tengo un ombligo estupendo al que debería mirar más a menudo. No quiero que nunca, nadie, jamás vuelva a decidir por mí, directa o indirectamente. Se acabó la tontería.
Y quiero volver a beber Alhambra.
jueves, 20 de agosto de 2015
Caminar.
En los últimos tres días, por vicisitudes de la vida, me ha tocado caminar bastante y me he encontrado con que es una afición que no sé por qué perdí (probablemente porque el único ser humano capaz de caminar a mi velocidad que conozco es mi abuelo).
El martes me tocó recorrer la distancia que separa Boadilla del Monte de Madrid por una vía pecuaria a pleno sol. Unos nueve kilómetros por un puto descampado, uno de los paisajes más feos que conozco. Eso sí, me permitió despejar la mente y pensar en mis cosas, se me hizo corto (tardé menos de casi dos horas que me indicaba el GPS) y me dio tiempo para un par de anécdotas que tienen que ver con una Zona Militar Vigilada y otra de cruising que ya contaré otro día.
Hoy he recorrido a pie toda la Castellana hasta mi casa, pasando por Neptuno a tener la típica charla que tengo con él todas las pretemporadas. Otros nueve kilómetros a muy buen ritmo con un paisaje totalmente distinto que me ha dado para comprobar que Madrid es una ciudad con unos contrastes brutales. En menos de dos horas he pasado de ver coches conducidos por chóferes a ver turistas y a terminar con la multiculturalidad de Lavapiés. No sólo me ha dado para pensar mucho en mis cosas y en cómo estoy afrontando la treintena y qué quiero hacer con mi vida, también para hacer un par de fotos cojonudas por el camino.
La conclusión de estos dos días ha sido que caminar me relaja. Es agotador porque no sé pasear despacio, yo voy dejando gente atrás que ríete tú de los runners, pero eso no me impide ver los detalles y observar la ciudad en la que vivo, que cada vez se me hace más pequeña porque cada vez estoy más metido en mi guetto. Y me encanta.
Madrid es una ciudad bastante hostil si no la conoces, pero todo es cuestión de darle una oportunidad o dos. Y mejor caminando, qué queréis que os diga.
El martes me tocó recorrer la distancia que separa Boadilla del Monte de Madrid por una vía pecuaria a pleno sol. Unos nueve kilómetros por un puto descampado, uno de los paisajes más feos que conozco. Eso sí, me permitió despejar la mente y pensar en mis cosas, se me hizo corto (tardé menos de casi dos horas que me indicaba el GPS) y me dio tiempo para un par de anécdotas que tienen que ver con una Zona Militar Vigilada y otra de cruising que ya contaré otro día.
Hoy he recorrido a pie toda la Castellana hasta mi casa, pasando por Neptuno a tener la típica charla que tengo con él todas las pretemporadas. Otros nueve kilómetros a muy buen ritmo con un paisaje totalmente distinto que me ha dado para comprobar que Madrid es una ciudad con unos contrastes brutales. En menos de dos horas he pasado de ver coches conducidos por chóferes a ver turistas y a terminar con la multiculturalidad de Lavapiés. No sólo me ha dado para pensar mucho en mis cosas y en cómo estoy afrontando la treintena y qué quiero hacer con mi vida, también para hacer un par de fotos cojonudas por el camino.
La conclusión de estos dos días ha sido que caminar me relaja. Es agotador porque no sé pasear despacio, yo voy dejando gente atrás que ríete tú de los runners, pero eso no me impide ver los detalles y observar la ciudad en la que vivo, que cada vez se me hace más pequeña porque cada vez estoy más metido en mi guetto. Y me encanta.
Madrid es una ciudad bastante hostil si no la conoces, pero todo es cuestión de darle una oportunidad o dos. Y mejor caminando, qué queréis que os diga.
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