miércoles, 15 de julio de 2015

El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó.

No me voy de vacaciones porque al parecer este año he sido muy malo y no me las merezco. Básicamente salgo unos días por asuntos familiares y espero poder aprovechar que estaré lejos de mi ciudad para volver con las pilas un poco cargadas, la cabeza en su sitio y los muebles colocados en plan zen. Porque ahora mismo todo es caos. Y no del que me gusta.
No es que en lo que llevo de 2015 no hayan pasado cosas buenas, que las ha habido... Es lo mucho que aún pesan las malas y lo complicado que resulta a veces pasar página. Pero mira, como se me ha puesto en los cojones tirar pa'lante y seguir va a ser así por las buenas o por las malas. Y en ese sentido, aunque últimamente es obvio que estoy mejor, este salir del circuito habitual para cambiar el paisaje me va a venir hasta bien.
No tengo intención de volver a pisar por aquí hasta que no empiece en mi "nuevo" trabajo. Necesito olvidarme un poco de todo. De que soy técnico de sonido también. Otra cosa será que luego aguante medio bien o medio mal estar aislado en el ostracismo absoluto, que básicamente es a lo que me voy, pero bueno... Tampoco queda otra. Me conformaré con encender la barbacoa cuando me dejen.
Todo esto parece muy pesimista y no lo es en absoluto. Necesito empezar de cero y este viaje, que hago medio obligado, me va a venir muy bien. Para coger aire, aguantarlo y volverlo a soltar. Pero un aire distinto. Restregarse un poco contra las raíces de uno antes de empezar etapas nuevas siempre viene bien. Y no, no pretendo autoconvencerme, lo pienso realmente. Si en el tiempo que esté por ahí perdido cae una tormenta de verano y me da para compartir una cerveza con mi abuelo en la terraza viendo caer rayos ya habrá valido todo la pena.
Ya tendré tiempo a mi regreso de recuperar los bares, las terrazas, los lavabos, los amigos y las risotadas estúpidas. Fiestas del barrio mediante. Como un ave fénix que resurge de sus cenizas... Esto no ha hecho más que empezar.
El verano ya llegó. Que el aire acondicionado lo pague otro.

martes, 14 de julio de 2015

Esto no va a terminar bien (tonterías mañaneras de antes y durante el café).

Cuando he abierto los ojos en la cama toda la casa estaba inundada de un profundo olor a café y por alguna extraña razón eso me ha puesto de muy buen humor. Yo soy así, un tipo de gustos sencillos que encuentra la felicidad en las pequeñas cosas. O, a lo mejor, simplemente me he hartado de levantarme todas las putas mañanas triste y melancólico, vaya usted a saber.
Madrid me está quemando, y no es ninguna metáfora sobre el estrés o el hartazgo que me pueda generar la ciudad (en la que, sorprendentemente y por primera vez en muchos años, me siento de nuevo tremendamente cómodo), es que nos vamos a morir todos achicharrados. Atravesamos una ola de calor. En realidad creo que es la ola de calor la que pasaba por aquí, pero da igual, creo que la expresión es correcta. El caso es que hay que tener valor para salir a la calle antes de las ocho o las nueve de la noche. Ni que fuese mi pueblo esto, oiga.
Enciendo el primer piti del día sin haberme terminado el café y pienso "esto no va a terminar bien". Porque sí, los tíos guapos también cagamos. Café y cigarro, muñeco de barro. Tengo treinta palos y todavía me descojono cuando hablo de mierda, ñorugos, cagarros, tordos, cacota, heces... ¡Qué rico es el idioma castellano!
Continuamos para bingo, oiga.

domingo, 12 de julio de 2015

Y soñar.

Hoy he soñado contigo y te puedo asegurar que es muy extraño soñar con alguien a quien no conoces en persona. Ha sido raro también por lo realista del sueño, por las cosas que pasaban... No voy a entrar en detalles. Ha sido raro y espero que no premonitorio.
Pero sospecho que lo será. Dicen que Lorca tenía sueños premonitorios. También dos brazos, dos piernas y dos ojos, igual que yo, así que... Pero espero que no lo sea.
Y aunque lo fuese, me siguen apeteciendo mucho esas cañas. Yo invito.

sábado, 4 de julio de 2015

A lo John McClane.

Claro que duele. Es jodidamente infernal, un dolor que se transforma en físico porque sigo durmiendo en el sofá todas las noches, porque dormir en nuestra cama sin ti es imposible. No descanso, y me tiro horas muertas dando vueltas, mirando al techo, pensando en cuando todo eran risas -incluso recordando el ataque de la cucaracha voladora y las toses de aquel vecino que sigue respirando igual de mal todas las noches- y bromas y domir peleando por quién abrazaba a quién en invierno o cada uno en un lado de la cama en verano, pero siempre tocándonos la piel, aunque fuese con los pies para no darnos calor.
Claro que duele. Llevo ya tres días sin ingerir nada sólido porque se me cerró el estómago después de la última bronca y todavía me pongo triste cuando veo las judías verdes en la nevera. Porque, ya ves tú qué gilipollez, las judías verdes con patatas me recuerdan mucho a ti y encima anoche soñé con tu pastel de carne. Y me acordé de cuando nos cuidábamos y cocinábamos el uno para el otro viniésemos o no cansados de currar. ¿Pero cómo no va a doler todo esto?
Claro que duele, joder.
Pero he decidido vivir a lo John McClane, y seguir caminando aunque lleve los pies llenos de cristales, me hayan dado dos palizas y un tiro en un hombro. Porque no me puedo parar, no me puedo quedar estancado aquí. Necesito dar pasos y ver qué pasa, probar a sobrevivir, aprender a no depender. Y siento que te duela y que no lo comprendas, es normal, claro que duele. Aunque odie hacerte daño y aunque lo haga de manera inconsciente. Necesito avanzar, no puedo quedarme mirando al tren como las vacas en el campo.
Necesito saber que sin ti también puedo, recuperar muchas cosas, abrir muchas puertas, ventilar muchos malos momentos (que también los hubo), superar muchos miedos y muchas inseguridades, dejar atrás lo débil que me volví y sentirme fuerte de nuevo. Sin descanso, sin flaquear, a lo John McClane.
Necesito reconstruirme y voy por mal camino. Porque te sigo echando de menos. Porque todo esto duele horrores.
Claro que duele, joder.

domingo, 28 de junio de 2015

Los pimientos.

Han pasado muchas cosas desde la última vez que me puse a escribir por aquí. La mayoría de ellas feas y desagradables, lo suficiente al menos como para no querer hablar del asunto tan a la ligera.

Ni siquiera sé si voy a terminar esta entrada y mucho menos si la publicaré.

Volví a escribir. Volví a escribir a mano, con papel y boli (demostrándome una vez más que estoy involucionando y que me costó más aprender a escribir que empezar a olvidarlo) por recomendación de B. y lo cierto es que me sentó bien, me sentí liberado y cambió mi punto de vista respecto a un montón de montones de mierda que me iban poniendo la zancadilla desde fuera del camino. Es cuestión de... coger aire, supongo.

Hay algo raro. Me siento extraño escribiendo, como si ya no fuese conmigo. Y no me gusta absolutamente nada de lo que llevo.

Están pasando cosas buenas en Madrid. Cosas que yo considero buenas y a lo mejor no lo son. Parece que ha empezado un cambio. No es un cambio grande, no flipemos tampoco, pero huele bien. Acabará mal, porque todo el mundo es corrompible, pero creo que hay que disfrutarlo mientras dure.

Esto no va a ninguna parte.

El Atleti bien, gracias. Que alguien me recuerde que recupere LQPDF. Me gustaba aquello. Más que esto. ¿Qué carajo es esto?
El otro día encontré una copia de seguridad de aquello que se llamó 'Al fondo a la derecha'. Donde vomitaba antes, vaya. Estuve tentado de resucitarlo todo y volver a aquel cálido lugar, pero la verdad es que con el calor prefiero la alcantarilla.

Aquí abajo todos flotan.

Tengo unos pimientos fritos en la cocina que me están pidiendo a gritos que me haga un bocadillo de lomo. He cambiado la cerveza por unos zumos. También estoy bebiendo gazpacho. Y no he fumado en todo el día. No, no me siento más feliz ni más completo. No entiendo muy bien de qué va nada y siento que he perdido el rumbo y que voy dando bandazos. Todo lo que había, se desmoronó. Y cuando te quitan tu pilar más importante, te tambaleas. Pero saldré, vaya que si saldré.

Un atlético nunca se rinde.

Han pasado muchas cosas desde la última vez que me puse a escribir por aquí. La mayoría de ellas feas y desagradables. Pero ¿sabéis qué? Hoy también ha salido el sol. Y espero que mañana ocurra lo mismo. Voy a empezar por apañarme con eso y luego ya veremos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Y si no soy humano?

Tanto tiempo jugando a ser rata que al final... ¿he dejado de ser humano?
He llegado a la conclusión de que vivo de una forma muy diferente a la del resto de seres humanos que conozco. Bueno, miento, realmente he llegado a la conclusión de que tengo una idea de vida que se aleja mucho de lo que esperan de mí los humanos a los que quiero y aprecio. Y, como es evidente, aquí surge la disyuntiva: ¿me dejo domesticar por ellos o podremos convivir en paz?
Si algo me resulta evidente a mis casi treinta primaveras es que, por no disutir, siempre he llegado a situaciones de falso consenso. Y digo 'falso consenso' porque al final siempre tengo la sensación de ser yo el que da su brazo a torcer para buscar la opción menos conflictiva y, precisamente por no discutir, siempre cedo y tolero todo.
Y no, resulta que no. Resulta que a diario peleo cosas que no comparto a nivel político, social, económico, laboral.... pero eso no sé transmitirlo a mi día a día. Y ahí me planteo.... ¿de verdad es tan difícil ser humano?
Estoy harto de transigir siempre -o de tener la sensación de que lo hago-, de callarme cosas por no ofender. Estoy harto de no ser yo, comido por unas inseguridades que creo que me han venido jodidamente impuestas... Estoy harto de ser en mi vida privada todo lo políticamente correcto que no soy en el resto de ámbitos. Estoy harto de ser cobarde. Estoy harto de ser humano. Estoy harto de mis miedos.
¿Y? ¿Qué hago ahora? ¿Rompo con todo? ¿Me cago en vuestra puta madre? (¡¡ME CAGO EN VUESTRA PUTA MADRE!!) ¿De qué me sirve eso? Si me callo todo lo que me callo por no ofender ni molestar a nadie.... Y tampoco soy un mártir, sólo aspiro a aprender a vivir en sociedad. Visto lo visto no se me da mal del todo, salvo por la parte en la que considero que me callo demasiado.
Me satura. Me satura mantener este rollo social tan raro que tanto critico y que, al mismo tiempo, no sé romper. Me satura darlo todo por vivir en esta mierda que no entiendo pero que no sé por qué me han impuesto y, lo que es peor, no sé por qué he aceptado. Me satura que los humanos hayáis decidido normalizar cosas que no considero normales.
Me satura que ser políticamente correcto me haga infeliz. Me satura que las cosas no sean naturales. Me satura no entender vuestro puto sistema social y moral.
Y, entonces, cuando me saturo, es cuando me pregunto si soy humano. Si el error es mío o de la sociedad.
A veces me gustaría ser normal, aunque me matase el aburrimiento. Pero es que no os aguanto, putos humanos. Odio vuestra humanidad porque implica complicarlo todo y cargarse la naturalidad.
No sé si soy infeliz porque no os entiendo o porque no me hago entender, pero la vida es para disfrutarla y eso es incompatible con imponer limitaciones.

sábado, 12 de julio de 2014

Desubicado.

Hace tiempo que no me encuentro y esto no viene de ahora, pero supongo que será por la distancia por lo que me siento ahora -lejos de esas personas a las que siempre me ha gustado tener cerca- más desubicado y más perdido que nunca. Me he dado cuenta de que he soltado el timón y voy dando bandazos hacia no sé muy bien dónde. La hostia cuando llegue va a ser cojonuda, eso sí.
Y no puedo negar que me guta esto, ¿eh? Esta profesión me flipa, la verdad. me encanta y me da unos subidones de adrenalina que molan mucho. Cuando me los da. Cuando no.... Y no lo entiendo, porque antes me los daba siempre, cualquier gilipollez relacionada con esto me parecía la hostia y de pronto me siento perdido, me quedo en blanco, me siento novato en un mundo en el que antes, no mucho antes, pilotaba mucho y bien. Y el caso es que por más que echo la vista atrás no encuentro el momento en el que se me debió joder algo y perdí el rumbo. No encuentro ese momento que ahora parece un punto de no retorno. Y me jode, porque necesito recuperar el entusiasmo. Necesito que esto vuelva a gustarme y recuperar la ilusión, la energía y las ganas. Las ganas y la energía, sobre todo la energía.
Y necesito perder la vergüenza, que parece que en algún momento se me vino toda encima de golpe y me convertí en este ser absurdo y timorato que parece una burda caricatura de lo que era hace cinco o seis años.
Que no me encuentro, que estoy desubicado. Que siempre he dicho que escribía en este blog porque era más barato que ir al psicólogo, pero como siga esta deriva me parece que me voy a tener que replantear eso antes de que pierda el control del todo.